lunes, 8 de agosto de 2016

El corredor.






 
A veces siento que antes todo era más fácil, cuando era solamente un niño y mi único rol en la vida era jugar con mis amigos y hacer disgustar a papá... Recuerdo que era muy divertido encontrarme con mis colegas en la escuela y en la esquina del quiosco de la cuadra. A veces no sé si he perdido el punto de vista de la alegría o es sólo que cuando creces todo se vuelve más aburrido, o quizás sólo sea que, el trabajo se me ha hecho rutinario y repetitivo, aunque no creo que sea eso porque mi trabajo me gusta, lo elegí porque me agradaba demasiado reparar motores y tener un taller de mecánica... Siempre fue mi sueño, luché por eso y trabajé duro, es más, siempre me apasionó de una forma energúmena -por decirlo de alguna manera- y por eso, decidí arriesgar todo por esa pasión, invertir en mi negocio, poner todo de mí para hacer un esfuerzo enorme ya que mi familia no podía darme suficiente dinero cuando estaba estudiando mi carrera fuera de mi ciudad de origen. De todos modos, para mí siempre fue un lujo y algo totalmente fascinante estudiar, nunca lo vi como un sacrificio como la mayoría de la gente lo ve.
Generalmente he sido un hombre feliz en esta vida. Lo que me lleva a preguntarme por qué cada vez que recuerdo haber ido a otra parte, en otro tiempo, en otro lugar, en otra dimensión del universo, tengo la leve sensación de haber sido más pleno...
Quizás sea porque hacer siempre lo mismo como lo es componer como mecánico ya no es entretenido como antes lo era para la totalidad de mi ser o quizás porque arreglar la materia: retocar algo material últimamente me esté resultando absurdo(...). Supongo que es el hastío de años de hacer lo mismo una y otra vez, mmm, pero sigo dudando… Es el hecho de este punto de vista materialista, que me hace estar preocupado por el trabajo del día lo que me tiene molesto, ya que, yo sé que el alma no tiene limitaciones físicas ni de tiempo, puede viajar cuando quiera a dónde quiera, el alma puede hacer cualquier cosa y crear cualquier cosa, es por eso que hemos creado este mundo material como extensión de nosotros mismos... Somos la tierra en que vivimos y ella es nosotros. Somos los instrumentos que utilizamos como mis herramientas y motores. Si yo sé que esto es así, no quiero perderme totalmente en una preocupación trivial como lo es terminar un trabajo para recibir dinero, no quiero que mi ser se vaya en eso solamente, con que "se vaya" me refiero a se pierda o se preocupe. Debería poder estar despreocupado todo el día, sin más... Así debería ser la vida. Libre y relajada todo el tiempo. Fácil.
Aún me queda mi magia, la manera en que me he trasladado a otros mundos antes que éste... ¿o después?, ¿u otros mundos?
Me viene a la mente cuando mi alma escapó en un sueño, estaba flotando en el aire a pocos pies del mar, a pocos metros en diagonal a la pendiente lineal de una catarata, podía observar cómo el agua caía en picado hacia el resto del océano, el cielo era una perfecta danza afiebrada en regocijo pero en un sosiego tenue de atardecer o amanecer y aún más tranquilo que esos estados de la atmósfera según la traslación del tiempo, las nubes se transcribían en mis ojos como lápices en láminas, con dibujos de un exquisito y abstracto trazo alineándose en una paleta extravagante y al mismo tiempo, una elegante combinación de colores cálidos y fríos pasteles como rosados suaves, naranjas mate, amarillos pálidos, beige esfumados, pareciéndose al paraíso que habita en el subconsciente de todos los seres humanos que ven cuando van al otro lado, cada vez que tienen un accidente y se encuentran con la cortina del después de la vida por unos instantes... Lo que yo llamo "el corredor"… (claro que, ese espacio no solamente es sinónimo de algo malo como irse de la vida, tiene otros significados, como volar al paraíso donde vamos cuando estamos soñando o conectados con otra dimensión. En definitiva: una aventura fascinante).
Sin ser menos, el mar competía por acaparar la belleza; apagado en tonalidad de colores pero, ardiente en fuerza del desplazamiento de su cuerpo en las olas más cautivadoras que a alguien podrían seducir, con sus formas de hermosa sirena de millones de gotas haciendo de conteo toda el agua, como la cintura de una muñeca atrapando tu atención cuando quieres escaparte de ella, así de hipnótico era el contorno del contoneo de las caderas de las olas excitando al sol con sus curvas y su gracia, excitando de igual modo a cualquier ojo que pudiera estarle observando detenidamente, en este caso, ese día; los míos.   
Yo soy fácil de conquistar y enamorar, todo me enamora, soy un apasionado, pero pocas veces me he sentido tan vivo como cuando contemplaba ese mar.
Las plantas sobre las montañas y rocas del otro lado del suelo firme en la tierra, hacían un contraste perfecto con su dureza al fluido olaje del líquido marino... Sin embargo, esos árboles no se separaban de las tonalidades pasteles, descoloridas y encantadoras del resto del paisaje, ya que los verdes eran pardos, apagados y existía una gran aparición de beige, marrones mates de diferentes variantes y matices, parecía que esos colores tenían vida propia, tal vez era por la oscilación continua de los ilusos árboles y sus chispeantes hojas, atrapados por el vigor del viento que no dejaba tregua para su descanso, pues era éste quién movía a esos seres que sin piernas, no podían emitir paso alguno. Era como ver el inmenso cuerpo de un animal con sus partes de cabellera más abundante, sus partes menos cubiertas, sus extremidades, sus facciones... era como ver una misma cosa. Todo estaba integrado en una decoloración alineada y contrastada al mismo tiempo, por el movimiento.
Yo me encontraba en la parte superior de la cascada divisando levemente en punto de vista picado y frontal, elevado como un ángel o un pájaro, por lo que podía ver a los tres protagonistas; el agua, el cielo (que también escribía en su papel, sus nubes blancas y verdosas además de los matices rosados, anaranjados y amarillos típicos de los amaneceres y los atardeceres...), las montañas a lo lejos con sus seres vivos vegetales, por último y más importante: la escalofriante belleza que desaparecía bruscamente hacia "la nada" como un tragar seco en la garganta cuando sientes miedo pero con la emoción de la felicidad incorporada: el gran horizonte que describía la catarata más imponente y bella del mundo, tan recta, tan precisa como si debajo de ella no hubiera vida alguna y como si encima de ésta; todo existiese... Como una paradoja, como los misterios del universo mismo, como algo sorpresivo e inverso del razonamiento.
Puedo decir que, como alma me encontraba expresándome en ese lugar de una manera única porque participaba como un actor más en ese capítulo que contaba el paisaje: yo era parte de él, era una montaña más, una ola más, una rama más, una hoja más, una nube más... o era el aire que producía toda esa actividad en lo demás y también me movía a mí mismo... ¿Era todo?, ¿era todo eso y la nada debajo de la cascada?, ¿o solamente era el aire porque flotaba muy alto del nivel del mar?, ¿era un ave?, ¿una mariposa u algún insecto?, ¿un avión?, ¿una partícula de aire?, ¿una hoja desprendida de un arbusto?, sin duda era algo místico...
Como alma, no puedo especificar qué era yo ahí -ni tampoco qué era yo como alma-, ya que, minutos antes y minutos después de perderme en dicha contemplación de esa hermosura llamada vida verde silvestre, agua, cielo, sol y celeridad: por segundos que parecieron años, buceaba debajo del mar y sus habitantes, con una rapidez sorprendente... Digo; "minutos antes y después" porque fueron como dos flashes que sucedieron mientras mi mirada y ser completo se detuvo en el conjunto que ahora estoy desglosando desde mi memoria (el paisaje sobre la tierra y luego nadaba, luego el paisaje de nuevo, luego nadaba. ¿Has sentido cuando un segundo se detiene en siglos y luego se acelera en milésimas?) ... Dentro del mar subterráneo, todo era diferente pero aún más hermoso, el agua se entremezclaba en azules fuertes y electrizantes, supongo que era una zona abisal por los colores o tal vez sólo llegaba a ser batial, la luz del mar era su luz propia y al mismo tiempo, la luz del sol hundiéndose como un abismal barco que imponía su feroz ruido con su color más destacado. Era como ver el blanco y el negro juntos... Tanto contraste en una misma zona, las dos partes, al igual que las partes en la superficie, iban hacia un mismo sitio, seguían el mismo patrón de baile fresco y armónico de sus cuerpos, formando el mismo personaje.
Y yo, como un loco, iba "corriendo" por esas aguas -con esas aguas-, con la felicidad, autenticidad, espontaneidad y alegría de los niños cuando juegan el primer y el último día que deciden jugar... Como un inepto bailarín, como un payaso que me hacía sonreír a mí mismo todo el tiempo, como las risas en los sueños: las carcajadas silenciosas del alma que se escuchan fuertemente por el universo con su alborotada y alta vibración, ausente de nuestro oído ordinario (¿las habrán sentido otras personas, o únicamente seré un loco?), así iba yo por esas calles suaves que acariciaban mi piel como la mano más calmada.
No sé si yo era quién se deslizaba o era el agua deslizándome a mí, lo que sí sé, es que era una suma más de aquella ecuación en ese espacio como espacio, del mismo modo que cuando estaba añadido a todo, mientras estuve en el espacio de la superficie. Todo era confuso y todo era claro en su esplendor. ¿Era yo dentro de algo o era el algo dentro de mí?, era alguien en un símil “estanque” de agua y era el “estanque” de agua saliéndose de sí mismo.
Recuerdo: que recuerdo cuando solía ser un tiburón, tenía mucha más perspectiva que ahora...
 































 
All Rights Reserved Copyright, Art Alice Perkins 2016.




















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